Canela Mota Heroína Desconocida PDF Imprimir E-mail
Ecosbanilejos.bitacoras.com | Archivado en General | Sábado 28 de julio del 2007
 
Breve artículo sobre una heroína banileja de la Guerra de la Restauración dominicana en 1863-1865
 
POR JOSÉ MIGUEL GERMÁN
 
Los dominicanos nos hemos acostumbrado a ver a nuestras mujeres arrimando el hombro para sostener la patria cuando ésta las ha necesitado, María Trinidad Sánchez, Juana Saltitopa, las hermanas Mirabal, han sido reverenciadas y reconocidas como heroínas de la patria. De Salomé Ureña, Elvira de Mendoza y Ercilia Pepín, admiramos sus virtudes en tiempos de paz. Sin embargo, se nos han perdido en el anonimato cientos como ellas que han dicho presente en las interminables batallas que los dominicanos hemos tenido que librar para preservar la república.
 
Una de esas desconocidas para la inmensa mayoría de los dominicanos es la banileja Encarnación Mota, mejor conocida como Canela, quien besó la gloria un día de abril de 1861 cuando la patria se desvanecía temporalmente en brazos de Pedro Santana quien la anexó a España, en un caso insólito, siendo Presidente de la República, anexó el país que había ayudado a fundar con su espada y del cual había sido su primer Presidente.
 
La vida de esta mujer, atractiva y simpática, descrita físicamente como “morena, de ojos grandes, expresiva, cabellos negros como ébano, figura salerosa y pequeña, mujer austera y patricia”, transcurría normal como miembro de la familia Mota, una de las principales de la ciudad de Baní. Gozaba quizás, de las ventajas sociales que le proporcionaba el hecho de ser hija de uno de los oficiales de prestigio en el sur cuando la guerra de independencia, el ex-presidente y vicepresidente de la república Manuel de Regla Mota. En general, Canela vivía modesta y discretamente en el ambiente bucólico y pastoril de Baní.
 
Consumada la traición, Santana escogió a su amigo, el expresidente y General Manuel de Regla Mota, para la indigna tarea de arriar, hiriéndola en su dignidad y en plena plaza de Baní, la bandera dominicana para sustituirla por el pabellón español.
 
Regla Mota había sido la persona que había izado por primera vez en la plaza pública de Baní, la bandera dominicana.
 
Canela, que había visto, con admiración y orgullo, a su padre guerrear en los campos del sur consolidando la independencia nacional, veía ahora con estremecimiento, como ese mismo hombre salía de su casa rumbo a la plaza a herir de muerte a la patria que el mismo había ayudado a glorificar. Presa de grandes sentimientos, estremecida, puso su amor por la patria por encima del respeto paterno y el amor filial.
 
Nos enseña la historia que Canela se lanzó solitaria, con su voz como única arma, calle por calle, llamando a los hombres de Baní a impedir con las armas el crimen que se iba a consumar. Corrió la voz, saltando de casa en casa, pregonando el gesto heroico de Canela, hasta llegar a la plaza, que aunque engalanada lucía triste y donde los hombres de Baní, revestidos “de una cordura inmediata a la cobardía” presenciaban el ocaso temporal de la patria.
 
Fue en vano su empeño, sin embargo, después de recorrer el pueblo lavando no solo el honor de esos hombres, sino de todo Baní y la república, Canela regresó a su casa para entrar a la gloria.
 
La tragedia que vivió Baní en esos años llegó al hogar de Canela. En una de esas ocasiones en que los acontecimientos se desarrollan con una crueldad espantosa, a Canela le tocó sufrir más aún. Esta mujer dueña de unos sentimientos patrióticos puestos a prueba en las más difíciles condiciones, tuvo que pasar, dos años después de su gesto heroico, por el dolor de perder tres de sus hermanos a manos del sanguinario Pedro Florentino, quien los arrancó del hogar para fusilarlos por españolizados y contrarios a su ídolo el hatero Buenaventura Báez. Los gritos de Canela no tendrán que convocarnos nunca más, porque al conocer gestos como el de ella se acrecienta la seguridad de que nuestra patria será eterna.
 
Como bien señala Don Joaquín Sergio Incháustegui en su “Reseña Histórica de Baní”, donde rescata para la posteridad la hazaña de Canela: “ella bien merece el beso consagrador de la historia”.
 
El maestro Don Federico Henríquez y Carvajal, cantó al gesto y a la heroína, con unos versos que los banilejos recitamos desde pequeños, cada año, en conmemoración de la Restauración:
 
“Otra fue en Baní la escena / en la tarde de ese día. / Cual paloma mensajera / una joven peregrina / llega ansiosa al pie del asta / y del tosco palo asida / su dolor deshace en lágrimas / y su amor inflama en ira.” “¡Mi bandera no se baja!” / ¡Ella siempre estuvo arriba / es el alma de la patria / y por ella doy mi vida!
 
“¡De esta cívica protesta / fue Canela la heroína!”

 
         
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